
Nuestro máximo representante del automovilismo internacional demostró una vez más su fortaleza mental y la capacidad de pasar a positivo las circunstancias que puedan frustrarlo. El sueño de Franco Colapinto era llegar a la Fórmula 1, pero, como todo deportista de élite, nunca se iba a conformar. Por eso, el segundo objetivo fue hacerse sólido en la categoría máxima, y lo cumplió con resultados que le valieron el contrato para la próxima temporada. Sin embargo, como dijimos, es difícil que Colapinto se conforme. Este fin de semana fue una clara muestra de que, aunque las adversidades sucedan, él siempre demuestra su capacidad de transformar lo malo en una nueva oportunidad, a pesar de llevar la mochila del error. A Franco, este fin de semana le entregaron las actualizaciones para su Alpine y vaya que las supo utilizar. Ya desde las prácticas se notaba que algo había cambiado y, como lo conocemos, ver que tenía el potencial le daba más confianza para dar más. Si bien en la práctica dos hubo cosas por mejorar, los trabajos entrada la noche dieron resultados y el sábado cumplía un nuevo objetivo: entrar en Q3 clasificando en el octavo lugar. La carrera la vimos todos: un Franco peleando con campeones del mundo como Verstappen y Lando Norris con su Alpine, desatando el delirio de todos nosotros. Pero la película tenía una trama que nadie esperaba, ni el propio protagonista quien, como su ADN lo marca, fue por más a medida que trazaba nuevos objetivos. Sin embargo, cometió un error que le arrancó ese sueño de llegar a donde él quería. Fue ahí, desde el puesto 16, donde su “cabeza dura” —con el peso, la bronca y la frustración a cuestas— decidió seguir adelante y no caerse. Con un auto que no estaba en condiciones, Franco lo hizo posible: llegó a los puntos en una novena posición final que nos resultó épica por el contexto y que marcó una vez más su fuerza mental. Y sí, después volvió a ser un humano y en la rueda de prensa descargó toda esa tensión y tristeza que, según “su norte”, lo marcaban, no solo por él, sino por el equipo. Porque si algo tiene Franco Colapinto que lo hace más grande, es su humildad y su sentido de pertenencia. Habrá más objetivos y más sueños por cumplir que seguramente llegarán para que esas lágrimas de tristeza y bronca se transformen en lágrimas de alegría, porque Franco es un “cabeza dura” y así lo queremos todos los argentinos. Jorge Magistris